La clave para que Tesla cumpla sus objetivos de producción pasa por Alemania

Guillermo Lopez | 9 Febrero 2018





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Tesla tiene lo que necesita para cumplir con todos sus compromisos en materia de producción y despejar las dudas que tanto los clientes como sobre todo sus accionistas llevan acumuladas desde que el fabricante de vehículos eléctricos iniciara su actividad y que tantas veces aparecen en los medios de comunicación.

Tesla tiene previsto entregar en 2018 aproximadamente 100.000 unidades de sus modelos S y X, a los que habrá que añadir las entregas comprometidas y en parte ya pagadas por parte de los clientes del compacto Model 3. La marca de Elon Musk tiene fijada para 2018 alcanzar una producción de 2.500 unidades por semana antes de finales de marzo, y para ello sus ingenieros diseñaron un nuevo sistema automatizado para la producción de módulos en su fábrica de baterías que solucionaría definitivamente los problemas de abastecimiento que las cadenas de montaje de sus coches tienen.

La marca ha retrasado en varias ocasiones los objetivos fijados para la producción del Model 3, su modelo más accesible y el que debería darle mayor volumen de ventas. En su lanzamiento, Tesla se comprometió con sus clientes por adelantado. Es decir, los clientes pagaron su coche al hacer su reserva. Eso significa que, debido a las demoras en la producción, lo compradores del Model 3 han visto retrasada la entrega de su unidad varias veces, lo que significa que su inversión en el coche ha perdido valor, y eso es algo que en Wall Street, donde Tesla cotiza, se penaliza fuertemente.

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Recordemos que las importantes mermas en la capacidad de producción del fabricante norteamericano se deben básicamente a los importantes retrasos que acumula en la entrega a sus fábricas de las baterías eléctricas para sus coches. En teoría, para evitar estos problemas Tesla levantó una fábrica de baterías cerca de Reno (Nevada, EE.UU): la Gigafactory, apelativo bajo el cual se la conoce, está esperando ansiosamente la llegada de una nueva línea de montaje de módulos para sus baterías eléctricas, procedente de la filial de la marca en Europa.

A finales de 2016, para ampliar su capacidad productiva de cara al lanzamiento del Model 3 Tesla adquirió el 75 por ciento de Grohmann Engineering, una empresa alemana especializada en la producción de pequeños componentes, en la prueba de nuevos materiales, en semiconductores y, sobre todo, en la automatización de procesos. La empresa alemana será la futura Tesla Automation Europe, la filial europea de Tesla. Con esta adquisición Tesla confiaba entonces en poder alcanzar los niveles de producción necesarios para cumplir con sus compromisos de entregar 500.000 unidades en 2018, cifras muy lejanas de la realidad actual.

Grohmman está desarrollando para Tesla la nueva línea de montaje automatizado de los módulos de sus baterías eléctricas, pero lo está haciendo en sus instalaciones de Alemania, donde actualmente se está comprobando y perfeccionando su funcionamiento. El problema reside en que una vez verificada y comprobada, la línea tiene que desmontarse, trasladarse desde Alemania a Estados Unidos y entrar en funcionamiento lo antes posible para poder ser utilizada.

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Pero Musk no tira la toalla. Pese a las demoras en las entregas, Tesla sigue contando con la aprobación de sus clientes, que pagan por adelantado sus coches y ayudan a la marca en su batalla por resolver sus problemas de producción. Durante los últimos tres meses del año el balance de caja de la compañía apenas se movió y ello se debió en parte a que los compradores han aportado más de 760 millones de euros en depósitos para la compra de sus vehículos, incluyendo los nuevos semirremolques y el nuevo deportivo roadster cuya producción Musk anunció el pasado mes de noviembre, lo que no deja de añadir más tensión a las dificultades de producción actuales.

Además, Tesla terminó 2017 con un capital de 3,4 mil millones de dólares, cifra prácticamente coincidente con la de las inversiones previstas para 2018, a las que deberá sumar las necesarias para la producción del Semirremolque que entrará en producción en 2019, la del Roadster, que lo hará en 2020 y la del futuro crossover, el Model Y.

Pero Musk sigue cautivando a los clientes y ganando seguidores a diario. Su última maniobra promocional ha convencido a muchos de ellos de que él es capaz de lograr cualquier cosa que se plantee. En colaboración con SpaceX, su empresa Aeroespacial, Tesla puso lanzó al espacio esta misma semana uno de sus coches. Y es que, como el propio Musk ha dicho: "Si podemos enviar un Roadster al cinturón de asteroides probablemente podamos resolver la producción del Model 3". Genio y figura. Y si bien no ha terminado con las tensiones económicas que acumula la empresa por los retrasos en las entregas, sí que parece haber conseguido con la espectacular maniobra propagandística del lanzamiento del coche al espacio algo que resulta ser un bien escaso en los negocios: la paciencia y la confianza de sus inversores.



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